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Los Angeles Apparel: del escándalo al renacimiento

Al hombre al que echaron de su propia empresa le bastaron nueve años para abrir dos plantas en Broadway. Así ocurrió.

A la entrada de los barrios obreros de Los Ángeles hay vallas con siluetas femeninas en bañador. No en Sunset Boulevard, donde cuelgan las campañas de lujo: deliberadamente al margen. Así se anuncia Los Angeles Apparel, y eso resume bastante bien su estrategia.

Hoy la marca ocupa dos plantas en el 480 de Broadway, en el Soho neoyorquino: 25.000 pies cuadrados en el local que fue de Topshop. Empezaron con cautela, un alquiler de un año con KPG Funds. En marzo del año pasado firmaron por diez.

Para entender por qué es noticia hay que volver a 2014. Ese año Dov Charney, fundador de American Apparel, dejó la compañía entre acusaciones de acoso y métodos de gestión duros. Un año después, la empresa quebró. Charney negó las acusaciones más graves y varios casos se resolvieron fuera de los tribunales, pero el daño reputacional quedó.

En 2016 empezó de nuevo, casi sin ruido. La fórmula era la misma: básicos sin logotipo, producción dentro de Los Ángeles, precios razonables. Parte de la maquinaria venía de la antigua fábrica.

El camino no fue tranquilo. En el verano de 2020 tuvo que cerrar las fábricas: según The New York Times, más de 300 empleados se contagiaron y cuatro murieron. En 2023 asumió la dirección de Yeezy tras la ruptura de Kanye West con Adidas, y fabricó la línea en sus propios talleres.

Nada de eso frenó el crecimiento. La facturación anual se estima entre 50 y 100 millones de dólares. Lo que retiene al cliente no es la publicidad, sino el tejido: un algodón extragrueso para camisetas y sudaderas que aguanta temporadas donde la moda rápida se deforma en un mes.

24 julio 2026