Moncler quiere dejar de ser una marca de un solo invierno
Asia aportó un +12% y Europa cayó por el turismo. El nuevo consejero delegado, procedente de Bottega Veneta, dice que el futuro está en los materiales, no en los plumíferos.
Los ingresos de Moncler crecieron un 5% a tipos de cambio constantes en el segundo trimestre, hasta 409,3 millones de euros (467 millones de dólares). El consenso de analistas recopilado por la propia compañía apuntaba a 405,8 millones, así que el resultado quedó ligeramente por encima.
La cifra es modesta, y hay un motivo: para un fabricante de plumíferos de invierno, el segundo trimestre es temporada baja. Por eso lo interesante no son los ingresos, sino lo que dice la dirección.
La marca homónima, que aporta el grueso de las ventas del grupo, subió un 12% en Asia, con China y Corea del Sur al frente. En América, donde la marca aún está construyendo presencia, las ventas crecieron un 4%. En Europa el cuadro es peor: el gasto turístico se ha frenado.
El beneficio operativo del primer semestre subió a 245,4 millones de euros frente a los 224,8 millones del año anterior, un 9,2% más.
Lo importante se dijo en la conferencia con analistas. El nuevo consejero delegado, Leo Rongone, procedente de Bottega Veneta, enumeró las prioridades: reforzar la marca en regiones con potencial de crecimiento y retomar la conversión de Moncler en una marca de todo el año. La clave, según él, estará en la innovación en materiales, la vía para salir de la ropa de abrigo.
La historia da pie a estos giros. Moncler se fundó en 1952 en un pueblo de montaña cerca de Grenoble y empezó fabricando equipamiento de alpinismo. La convirtió en marca de lujo global el empresario italiano Remo Ruffini, que la compró en 2003.
El informe se suma a las señales prudentes de recuperación del sector: una semana antes, Richemont, dueño de Cartier, presentó ingresos por encima de lo esperado, y Burberry registró un alza del 5% en ventas comparables.