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Shanghái deja de perseguir tendencias: se acabó el minimalismo, vuelven el color y la emoción

La semana la cerró el desfile de Maison Margiela de Glenn Martens. Pero lo importante no es una tendencia concreta, sino un cambio de postura: la ciudad ya no reacciona al sistema global, opera dentro de él.

La Semana de la Moda de Shanghái otoño-invierno 2026 se cerró de forma simbólica con el desfile de Maison Margiela de Glenn Martens, un momento que subrayó tanto la creciente resonancia del diseñador en China como la transformación más amplia del mercado.

La temporada se desarrolló sobre un fondo macroeconómico todavía frágil, pero el ambiente sobre el terreno fue notablemente más constructivo. No se trata de un rebote reactivo: Shanghái entra en una fase de consolidación, definida por una dirección creativa más nítida, un comportamiento de compra más disciplinado y una articulación más clara de la identidad del diseño local.

El cambio también se ve en el ecosistema alrededor de los desfiles. Un grupo más amplio de diseñadores chinos volvió al calendario oficial con colecciones más maduras y desarrolladas, mientras la presencia de compradores y medios internacionales siguió reforzándose, señal de una renovada atención global a Shanghái como plataforma creativa y comercial.

En lo estético, el péndulo se aleja del minimalismo contenido de las últimas temporadas. En su lugar aparece una apuesta deliberada por el refinamiento, la expresión emocional y la especificidad cultural, con códigos cada vez más alineados tanto con el ánimo del consumidor local como con el discurso global.

El auge del «clean fit» en China no fue casual: fue producto de su tiempo, una convergencia de cautela económica, influencia de los códigos «silenciosos» del lujo global y la estética algorítmica de plataformas como Xiaohongshu y Douyin, donde vestir sobrio y sin logos resultaba aspiracional y fácil de replicar.

Pero esa uniformidad ha empezado a agotarse. Como observó Yeli Gu, fundadora de Ontimeshow, el apetito por la contención ha dado paso a algo más expresivo: feminidad, romanticismo y textura emocional vuelven al centro del lenguaje del diseño.

La observación se repite fuera de China. «Durante un tiempo todo iba de minimalismo y lujo discreto, tanto en el mundo del lujo como en el segmento contemporáneo. Pero creo que eso se ha acabado por ahora. Queremos más autenticidad, feminidad y romanticismo», señala Marine Humeau, responsable de merchandising de Printemps.

Más que cualquier tendencia concreta, lo que destacó fue un cambio de postura. Shanghái ya no se limita a reaccionar al sistema global de la moda: empieza a operar dentro de él con más claridad y autodefinición.

02 abril 2026